Publicado el Deja un comentario

Bodegones y otras reflexiones.

Hoy hablaremos de algo que tenemos en todas las casas en navidad: ¡bodegones! ¿Quién no se ha encontrado en su casa perfectamente colocada una cestita de diversos dulces en la mesa del salón? ¿Incluso la mismísima cesta de navidad de empresa? He ahí el bodegón navideño, la actualización de esas pinturas que representaban cestas con frutas, flores o animales, acompañado o no de recipientes.

Vamos a hacer un breve recorrido por el mundo del bodegón, porque sí, porque me apetece y me parece interesante.

En un principio estaban los bodegones que nos muestran la riqueza del poseedor de la pintura. En el siguiente ejemplo se muestra a través de la representación de cerámica china, las clases de flores o el conejo. Por otro lado el preciosismo que caracteriza esta obra nos muestra gran habilidad, siendo un buen ejercicio para el estudio de colores y luces.

Jan van Kessel el Viejo, Bodegón de flores, óleo sobre cobre, 32 x 42 cm, 1633 - 1666. Cuadro de gabinete. 
Jan van Kessel el Viejo, Bodegón de flores, óleo sobre cobre, 32 x 42 cm, 1633 – 1666. Cuadro de gabinete.

Esto era típico en Flandes durante el siglo XVII. Donde la pintura se caracterizaba por el preciosismo, la delicadeza y la gran riqueza cromática. Solían realizar mucha obra en cobre, y el lienzo se daba más en los países mediterráneos. Eran de pequeño formato, lo que da muestra de su gran habilidad, con tanto detallismo en apenas 50 centímetros cuadrados.

Después el bodegón evolucionó.

Ya no solo mostraba el estudio de la luz, la anatomía y las formas, también se podían leer lo efímero de la vida. No llega a ser una vanitas, pero si queda plasmada de alguna manera la idea de la muerte, ya que su otra denominación es “naturaleza muerta”.

Para ilustrar este ejemplo tenemos la siguiente obra de Goya, que nos muestra algo totalmente diferente de lo anterior. Es austera, sencilla, inundada por la imagen del pavo muerto gracias a la composición en diagonal. Nos obliga a fijarnos  en su posición y su cara, sin cobrar ninguna importancia la cesta o cualquier otra cosa que pudiera haber plasmado.

Francisco de Goya y Lucientes, Un pavo muerto, 1808-12, óleo sobre lienzo, 45 x 62 cm, Museo Nacional del Prado.

Obviamente hay muchas otras diferencias. La técnica, la pincelada, el soporte, pero claro, esto es debido a que se trata de una pintura española dos siglos posterior a la anterior. Ya ha pasado el barroco, y con él sus grandes bodegones y estudios de luz. En un momento en el que España no pasa por su mejor momento. La crisis económica, la llegada de los franceses y los fusilamientos del 2 de mayo. Todo esto también está plasmado de alguna manera en esta obra, a mi parecer.

En esta línea de la representación de lo efímero a través del bodegón encontramos la obra de Sam Taylor-Wood, que va más allá de la simple pintura, ya que su obra suele ser en vídeo y fotografía.

En esta obra nos muestra la descomposición de un conejo y un melocotón con el paso de los días. Representa lo mismo que en el caso de Jan van Kessel: fruta y animales. Pero el modo de tratarlo es bien diferente.

Sam Taylor-Wood , A Little Death, Videoarte, 2002.

Os dejo con este vídeo, y con la idea de cuan efímera es la vida. Que ha llegado el final de otro año, con una nueva cesta de navidad o bien mirado, con un bodegón que nos dice que los años pasan sin esperar a nadie. Que la fruta se pudrirá sino la comes, que amanece y anochece sin importar lo que hagas.Y que un día puede ser claro y precioso, u oscuro y desagradable, eso ya lo decides tú.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *