EXPOSICIÓN ACTUAL

Dar gusto al cuerpo

Deebo Barreiro, Pablo Sola, Silvia Lermo,
Marcelo Mendonça, Diego de los Reyes, Randomagus.

Por Javier Díaz-Guardiola.

Del 06/02/2021 al 19/03/2021

NOTA DE PRENSA

Dar gusto al cuerpo
Deebo Barreiro, Pablo Sola, Silvia Lermo,
Marcelo Mendonça, Diego de los Reyes, Randomagus.

Inauguración: 6 de febrero , a partir de las 10h30. 

De cuerpo presente


Deebo Barreiro, Pablo Sola, Silvia Lermo, Marcelo Mendonça, Diego de los Reyes y Randomagus participan en la colectiva «Dar gusto al cuerpo» en la que ofrecen diferentes aproximaciones a lo corporal como espacio de acción y reflexión. 

Desde sus orígenes más remotos, el ser humano ha convertido su propio cuerpo en elemento artístico de discursión y análisis. No hay más que ver que una de las representaciones más antiguas de esta naturaleza, la Venus de Willendorf, unos 27.000 años atrás, ya lo convertía en elemento de exaltación en pos de una próspera fertilidad.

A lo largo de la Historia, los artistas han encumbrado sus formas (Robert Mapplethorpe, Tom Bianchi, Helmut Newton), han puesto el foco en sus facetas menos amables (la otredad, como Peter Hujar, Diane Arbus o Nan Goldin; la enfermedad, como David Wojnarowicz, o la vejez, como Jonh Coplans); lo han fetichizado (Tom de Finlandia) o lo han llevado al límite (Marina Abramovic o Abel Azcona).

Los creadores reunidos en “Dar gusto al cuerpo”, esta pequeña colectiva que ahora presenta la galería Visión Ultravioleta, pertenecientes todos ellos más o menos a la misma generación, muestran aquí pequeñas pinceladas de su aproximación a lo corporal, una temática que no necesariamente y en todos los casos se convierte en el “corpus” central de su producción, pero desde el que todos desarrollan un discurso en el que lo político y lo social –de cuerpo presente- es traido a colación.

Así, en el proyecto “inVISIBLES” (2021), de Marcelo Mendonça (Brasil, 1972), el punto de partida es la censura emprendida contra el desnudo –también el artístico y creativo, aquel que en épocas pasadas era símbolo de libertad- por parte del actual gobierno de Bolsonaro en su país de origen. Esta tendencia se sostiene en base a un neofundamentalismo religioso socialmente aceptado que llevó, entre otras cuestiones, en 2019 a cancelar muestras como “Queer Museu. Cartografías de la disidencia en el arte brasileño”, en el Centro Santander de Sao Paulo, acusada de promover la pedofilia o la zoofilia. Las imágenes que integran la apuesta del brasileño pertenecen a modelos anónimos que en redes sociales muestran su cuerpo sin prejuicio. El artista pixeliza sus contornos y facilita al espectador algunos píxeles extra para que determine si la imagen final debe ocultar o no determinadas partes de las anatomías presentadas. El montaje final, mostrando luces y “sombras”, imita el torrente de imágenes que vomita toda pantalla móvil.

Por su parte, la propuesta “Ser un cuerpo” (2019) de Deebo Barreiro (Las Palmas de Gran Canaria, 1993) analiza el espectro de la identidad de género desde el retrato fotográfico, atendiendo a la tendencia actual en la que las estructuras masculino/femenino se vuelven líquidas y los estereotipos se diluyen. La joven creadora apuesta por los “cuerpos híbridos”, cuyos propietarios y propietarias son personajes que tejen sus verdaderas personalidades en la intimidad de sus habitaciones, donde realmente, asilados de todo lo demás, pueden mostrar su verdadero yo. Sin embargo, y aunque puedan pensar que son ajenos a influencias, en los resultados también se manifiesta cómo sus poses vienen determinadas por el empuje de la pornografía con la que todas estas nuevas generaciones se han educado de forma natural. 

Pornografía, que es punto de partida de las imágenes manipuladas en sus collages por Randomagus (Benicarló, Castellón, 1976) en su serie “Instrucciones de uso” (más provenientes del imaginario homoerótico en el caso del segundo conjunto presentado: “Las visiones”); un autor que asume el cuerpo como objeto de deseo, pero que sitúa el foco en entándares alejados de un supuesto canon occidental ideal de belleza. Considera este joven artista que un cuerpo es mucho más que un cúmulo (equilibrado o no) de hueso, grasa, piel, músculos, pelos y vísceras: es una sensación, un color, un tacto, y que, por lo mismo, es un motivo que celebrar. Por eso, sus obras son una canto a la diferencia, a todas las formas y todos los tamaños, reflejo de individuos que gozan de su cuerpo y que gozan viendo cómo este hace gozar a otros. El deseo se convierte en eje de su discurso: deseo de la vida en el cuerpo y de la sensualidad de cada cuerpo, para que estos se muestren sin vergüerza y florezcan. Solos, acompañados y en multitud… 

A través de la pintura, Silvia Lermo (San Fernando, Cádiz 1986) imprime su visión personal de la realidad enlazando recuerdos de niñez con el entorno que le rodea. Sus personajes se mueven entre lo físico de su apariencia y la extrañeza que aporta a la imagen final la plasmación de su perfil psicológico. Porque en sus obras, como en los dibujos que reúne la muestra, el recuerdo se establece como vehículo para “encarnar” en presente lo ausente. Lermo relata con sus obras una historia “global” en la que sus protagonistas se ven “arrastrados” por fuerzas mayores y quedan unidos entre ellos a través de unos circuitos que se cierran y se relacionan. Subyace de fondo la teoría de la naturaleza humana y el erotismo de George Bataille, quien considera al hombre como un ser discontinuo que persigue la continuidad. De ahí que las figuras se conecten entre sí buscando su razón de ser a través del otro. Esas conexiones se producen en lugares extraordinarios, como las salinas de cuando la artista era niña, y que viven dentro de ella como espacios para el reencuentro. 

Y si de alzar la vista se trata, nuestro destino próximo es la mirada contemplativa y embelesada al cuerpo. Es la labor del voyeur, gran protagonista de la serie “Otear el horizonte” (2018), de Diego de los Reyes (Sevilla, 1977). Fue Epicuro, el gran padre de la escuela hedonista, el que nos invitó a no reprimirnos para aprovecharnos de la fuerza del disfrute, minimizadas por la prudencia y el autocontrol. Una de sus ramas, la cirenaica, propugnaba que el placer corporal es un bien supremo y que, por tanto, debía estar a un nivel superior de los mentales. El artista andaluz nos invita a mirar con ojos de voyeur sus acuarelas, una pequeñas obras pobladas por hombres desnudos en situaciones normales en la playa que es el ojo el que las erotiza y sublima. En su opinión, es el hombre heterosexual el que ha sido educado y al que se le ha concedido el privilegio de sostener la mirada; y para hacerlo sobre aquello que era digno de ser contemplado: en términos afectivo-sexuales, el cuerpo de la mujer. Aquí se subvierten esas bases. Y junto al placer de mirar, el placer de ser mirado. En cierta manera, De los Reyes nos insta a contemplar “lo prohibido” y, al desafiar el convencionalismo, a disfrutar con ello. 

Cierra el recorrido la fotografía de Pablo Sola (Madrid, 1984), otro autor que también reivindica el cuerpo no normativo. Su proyecto a largo plazo “Human Fakes” redunda en los discursos que atraviesan nuestra apariencia y nos convierten en un producto más de mercado del sistema capitalista imperante. Somos producidos-criados a través de las paradojas e ironías del neoliberalismo más atroz, que decide cuándo y cómo conseguimos la “etiqueta” necesaria que avala la calidad de lo que ofertamos. Por eso, este autor no confía en lo perfecto, dignifica el error y rodea lo suyo de un aura azulada como de imagen congelada en la que se mezclan carnalidades con símbolos religiosos, culturales, elementos retrofuturistas, plásticos que se contraponen a lo natural, e instrumental quirúrgico en pos de esa falsa imagen perfecta.

Dar gusto al cuerpo. Situarlo –una vez más y las veces que sea necesario- en el centro del debate. Aprender de él, redescubrirlo, contemplarlo, gozarlo. Los creadores de esta muestra nos dan algunas pautas. Aténganse a las consecuencias.

 Comisariado por Javier Díaz-Guardiola

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