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Los Ecos de “El grito”

Siguiendo la temática del miedo que conlleva Halloween, hoy hablaré un poco sobre esta aterradora obra, El Grito, de Edvard Munch, con su nuevo récord del mercado del arte. En el cual está inspirada la máscara utilizada en la película de Scream, que seguro que hemos visto a lo largo del fin de semana.

Screenshot de Scream

Hay cuatro, uno en la National Gallery de Oslo, otros dos en el museo de Munch en Oslo, y otro en colección privada.

El grito es el nombre de cuatro cuadros realizados en 1893 y cuya  versión más famosa se encuentra en la Galería Nacional de Oslo.

La pintura nos muestra una figura andrógina con expresión de angustia y desesperación, mostrando el carácter del movimiento expresionista, siendo un icono dentro de este.

Esas expresiones representadas aquí nos habla del desaliento del hombre moderno a finales de siglo, y la dura transición hacía el siglo XX. Munch dijo sobre esta obra: “Estaba allí, temblando de miedo; y sentí un grito fuerte e infinito perforando la naturaleza”. Está hablándonos de su hipersensibilidad a la hora de realizar dicha obra, siendo esta misma altavoz de su angustia existencial.

Munch era depresivo, traumatizado con las mujeres y eso está patente en el rostro del protagonista. Siendo casi una calavera que se aprieta el cráneo para que no le explote.

A la hora de hablar de colores, vemos que son violentos, arqueados, que nos  transmite esa sensación de agitación. Esta idea se refuerza con la presencia de las figuras de atrás, lejanas y anónimas.

La fortaleza de esta obra también reside en la perspectiva diagonal que daña la visión de quien la mira. Con formas que se retuercen lo que muestra es un sentimiento y no una verdad racional.

Es curioso que para esta obra, Munch se inspiró en una momia peruana que había visto en la exposición universal de París, de ahí ese aspecto tan cadavérico.

Momia de Perú

Bajo ese status de icono cultural se ha reproducido hasta la saciedad y por ello es una de las imágenes más reconocibles en cualquier lugar del mundo. Por ejemplo la revista Time, que utilizó dicha imagen para su portada en 1961. También Warhol la reprodujo, con un intento de desacralizarla, cosa que, como veremos, no consiguió.

Esta obra ha sido consagrada en primer lugar por las reproducciones, y en segundo lugar por los intentos de robo que ha tenido.

En febrero de 1994 fue robado El Grito de la Galería Nacional de Oslo. A los ladrones les resultó tan fácil robarla que hicieron la gracia de dejar una nota: Gracias por la falta de seguridad. (…increíble)
Tres meses después pidieron al gobierno noruego un millón de dólares estadounidenses para su recuperación, oferta que el gobierno rechazó. Finalmente el 7 de mayo de ese mismo año recuperaron la obra gracias a una acción conjunta de la policía, el Scotland Yard y el Museo Getty.

Curiosamente el segundo intento de robo se llevó a cabo 10 años después, el 22 de agosto de 2004. Robaron la versión del Museo Munch tres hombres, y también se llevaron la Madonna de Munch. En principio se esperaba una oferta igual que en el caso anterior, pero no llegó. Por lo que el museo ofreció la recompensa de 97 millones de euros. Hubo rumores de que había sido quemado, pero finalmente los dos cuadros fueron recuperados. El 31 de agosto de 2006 por la policía noruega, en relativo buen estado.

A pesar de la fuerza de esta obra, se ha llegado a banalizar con su reproducción en póster, tazas, camisetas e incluso, (vas a flipar), muñecas hinchables. Esta gran idea se le ocurrió al muralista Robert Fishbone en 1991, cuya compañía vendió cientos de miles de este producto.

De ese modo se desvirtuó la obra de Munch de ese sufrimiento y esa expresión, desactivando la incomodidad que provoca en el espectador este tipo de arte. Aun así para los verdaderos conocedores de arte sigue siendo de impresionante valor,  y ahora veremos de este valor en cifras.

Como hemos dicho solo uno de los cuatro cuadros de Munch está en colección particular. Lo que hace que esta obra sea ÚNICA para los coleccionistas más ávidos, y por ello está en el número uno del ranking de las más caras del mundo.

En el mercado de primavera de 2012, se puso a la venta la única de las cuatro versiones. Se vendió en Nueva York por la friolera de 91 millones de euros, (119,9 millones de dólares). Siendo una cifra récord superando los 81 millones de euros de “Desnudo, hojas verdes y busto” de Picasso, el máximo histórico hasta ahora por un cuadro en una subasta.

Había pertenecido a Petter Olsen, cuyo padre fue amigo, vecino y empleador de Munch. Y cuyo dueño pasó a ser del magnate estadounidense Leon Black.

Hay que mencionar que se unieron varios requisitos para llegar a esta cantidad. En primer lugar es el único de colección privada. En segundo lugar se cumplían los 150 años del nacimiento de Munch. Y por último en dicha versión subastada se mantenía el marco original, y contenía un escrito de Munch en el que explica cómo se inspiró: “Estaba caminando por un sendero con dos amigos –se estaba poniendo el sol- cuando el cielo se puso repentinamente –hice una pausa, me sentía exhausto, y me apoyé en la cerca- había sangre y lenguas de fuego sobre el fiordo azul y negro y la ciudad. Mis amigos siguieron caminando, y me quedé parado allí, temblando de ansiedad; y sentí un grito infinito pasando a través de la naturaleza”.

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